PALMEIRAS '99 v SAN PABLO '93

Por Comisión Directiva


Cada bolilla en el sorteo de los octavos de final daba más miedo que cruzarte a Jason un martes 13. Eran todas bolillas calientes, pero sí había un equipo que el Palmeiras quería evitar: San Pablo. No fue un día de suerte para Felipão, el “choque-rei” salió sorteado, los clubes más ganadores de Brasil se medirían en busca de un nuevo palmar. 



De un lado, uno de los pocos bicampeones de América, el São Paulo de 1993, el equipo de Telê Santana. Con Zetti, Ronaldão, Pintado, Palhinha, Raí y Müller, y un tal Cafú que, anticipando lo que toda una generación haría con Roberto Carlos en el Winning Eleven, pasó de lateral derecho a atacante por la izquierda. 



Del otro lado, el Palmeiras de Felipão, que en 1999 conquistó la Libertadores superando un grupo de la muerte y hasta las lesiones de dos arqueros. Con Alex brillando en el medio, Júnior volando por el lateral y el entonces tercer golero Marcos, santificado. 

Dos equipos tan grandes que podrían armar su propia selección, una que tendría la misma cantidad de mundiales que los agrandados vecinos rioplatenses: Palmeiras aportaría tres titulares que serían campeones en 2002 con Felipão; Zinho lo había sido en 1994; y Alex merecía haberlo sido también. San Pablo sumaba cinco futuros ganadores en 1994 más el eterno Cafú, campeón, subcampeón y campeón mundial.


Se definió un estadio neutral, el de Corinthians. Pero para sorpresa de la Conmebol, los directivos del Timão, todavía ofendidos por no haber sido incluidos en La Copa Libertadores Imposible, decidieron no poner a la venta las entradas. De puro despecho regalaron todos los tickets a sus propios hinchas para que fueran a mostrarles su “apoyo” a sus rivales paulistas.

La noche anterior al partido, la torcida del Corinthians se dividió en dos, unos fueron al hotel del Palmeiras y los otros al del San Pablo. La consigna era la misma: no duerme nadie. Fuegos artificiales, batucadas por su propia scola do samba y una canción de Daniela Mercury en repeat desde la medianoche hasta el amanecer.

En el comienzo del partido, la silbatina general complicó los planes del San Pablo: su reconocido juego dinámico y fluido siempre necesitó de mucha comunicación, y ante los furiosos hinchas del Timão no era fácil. Al Palmeiras, en cambio, el estruendo le dio coraje. Los equipos de Scolari siempre se alimentaron de la adversidad: el Gene Hackman brasilero disfrutaba tener a toda la prensa en contra por priorizar un juego más pragmático en la tierra del jogo bonito.


A los 22 llegó una jugada que enloqueció a toda la parcialidad Palmeirense. Júnior llegó al fondo por la izquierda y tiró el centro al primer palo para Paulo Nunes, que marcó de palomita. 1 a 0.


El Verdão olió sangre y siguió yendo para adelante. En un córner, el chiquito Arce se agigantó para primerear a Válber y estampar el segundo.

Pero Telê no lo iba a mirar por TV. Como la vuvuzela corinthiana seguía activada, tuvo que apelar a todos los gestos que se le ocurrieron para despabilar a sus jugadores. Su fanatismo por Marcel Marceau rindió sus frutos.


El descuento llegó por obra de Dinho, el macizo 5 del San Pablo que lo único que compartía con Ronaldo de Assis Moreira era el apodo. El trato que le daba al balón era diametralmente opuesto. El mediocampista anticipó a un displicente Alex y con una defensa mal parada, Müller recibió, gambeteó a dos rivales y envió el balón a la ratonera a Marcos.

Sobre el cierre del primer tiempo, una pared entre Cafu y Palhinha dejó al capitán del penta solo ante la salida de Marcos. 2 a 2 y entretiempo. El jogo bonito y el jogo pragmático a los vestuarios.

En la segunda etapa el partido se puso más enérgico y cerrado. Carlos Amarilla era el showman principal en un festival de amonestaciones hasta que llegaron dos tarjetas rojas. El topetazo que Paulo Nunes le dio a Válber después de que este le tironeara un mechón de su característico corte taza fue la primera jugada aplaudida por el estadio. Tras 50 minutos de chiflar y hacer sonar vuvuzelas, la hinchada del Corinthians se hartó de sí misma. El ruido ensordecedor empezó a ceder y entonces sí el San Pablo pudo poner su música.


Con menos jugadores en cancha mejoró el funcionamiento colectivo del equipo de Telê y, faltando 18 minutos, Raí, los mató bien muertos. Una gran jugada de Müller sobre Arce dejó al 10 solo frente al arquero. El habilidoso no tembló y concretó la remontada del partido.

En la celebración, hubo más encontronazos: Müller le gritó en la cara el gol a Júnior Baiano y este reaccionó con una patada voladora digna de un arquero suplente. Amarilla hizo lo que más le gusta y sacó la roja.



Palmeiras intentó la heroica con nueve jugadores en cancha pero no alcanzó. Charlie Yellow pitó el final y recibió la primera y única ovación de su carrera por parte de la hinchada corinthiana, que se había quedado sin nafta para seguir insultando a los equipos.

Victoria de Telê, el mejor técnico brasileño, contra Felipão, tal vez el mejor técnico brasileño para jugar una Copa Libertadores. 



Fin del partido.