BOCA '00 v. BARCELONA '09

Por Alejandro Wall


A los 15 minutos del segundo tiempo, cuando el Barcelona seguía sin encontrar la llave para abrir el candado de la defensa de Boca, Pep Guardiola no podía dejar de mirar a un Lionel Messi que buscaba espacio donde no había. Pero, como en el ajedrez, a veces alcanza una sola movida para cambiar todo.

Hay cuestiones que están atadas al tiempo, al desgaste del rival. Pero si el tema eran los minutos, Carlos Bianchi lo sabía: había preparado a su equipo para ganarle al reloj. Al argentino no se le escapó que el latido del Barcelona estaba en la mitad de la cancha y que Boca debía frenar esa máquina de pasarse el balón, el corazón del equipo más luminoso de las últimas décadas.

Los sabuesos enviados a la misión de hacerle un torniquete a esa hemorragia de fútbol fueron Sebastián Battaglia y Mauricio Serna, la unión latinoamericana frente al independentismo catalán de Busquets, Xavi e Iniesta.



No le fue mal a la dupla Battaglia-Serna, que además encontró algo de oxígeno en ‘Pepe’ Basualdo. Ambos cortaron el circuito catalán con sudor y hasta con un poco de sangre en algún roce y lograron untar de malhumor al Barcelona, que nunca terminó de encontrar el acceso limpio hacia Iniesta, mucho menos hacia Messi.


Pero Boca no fue sólo un equipo de proletarios. También tuvo a sus artistas. La lucha del Xeneize se transformó, por momentos, en la danza de Juan Román Riquelme, indomable y fino, como entendió Carles Puyol cuando en un arrebato salió a buscar al argentino. Riquelme arrastró al catalán por el campo haciendo girar la pelota bajo su suela. Resultó tan extravagante que, en un desequilibrio impensado para los catalanes, Gerard Piqué fue al auxilio de su socio, aunque a destiempo y con torpeza. El argentino cayó y el árbitro cobró falta.

Lo que pudo verse como un respiro para el equipo de Bianchi antes de que terminara el primer tiempo fue, en realidad, la exhibición a cielo abierto de los dramas del equipo de Guardiola. Boca se animaba y eso traumó al Barcelona. Es cierto que Martín Palermo quedó escondido entre Puyol y Piqué y que Guillermo Barros Schelotto no le encontró la contraseña a Jordi Alba.

Pero Riquelme parecía ser suficiente cuando se hizo cargo de la falta a unos veinticinco metros de Víctor Valdés. Román apretó el botón del pie derecho para teledirigir la pelota al ángulo izquierdo del arquero.



El fútbol siempre genera asombro, como lo revelaron los murmullos del entretiempo. Nadie esperaba esto. Los hinchas estaban agitados. No importa cuántos había de cada uno, lo que retumbaba en el aire parisino era un himno bostero: “A mi no me interesa en que cancha jugués, local o visitante yo te vengo a ver, ni la muerte nos va a separar, desde el cielo te voy alentar”.



El sector de las tribunas que pertenecía al Barcelona estaba a la espera de Messi, que retornó a la cancha con otra semblanza. Boca siguió complicándole el camino al Barça, pero los pulmones de Serna no serían eternos. Tampoco las piernas de Battaglia. El reloj avanzaba. El tiempo, pensó Bianchi.

Fue cuando faltaba media hora que Guardiola dio la orden. No hizo falta un cambio de nombres. Todos sabían el plan. Los alfiles, Thierry Henry y Samuel Eto’o, debían cerrarse y jugar entre los centrales y sus respectivos laterales. Luego se movería el rey, el encargado de desordenar el tablero de Bermúdez y Walter Samuel. Dio un paso hacia el centro y otro hacia atrás e inventó lo que todos llamarían “falso 9”.

Primero fue un pase a Henry para el empate. Después llegó una pared con Iniesta que llevó a Bermúdez a hacerle penal al argentino. El colombiano fue expulsado y “El Cerebro” marcó desde los 12 pasos. 2 a 1.


Bianchi mandó a la cancha a Julio Marchant y a Marcelo Delgado por Basualdo y Barros Schelotto. Pero ya era demasiado tarde. El gol de Messi, el tercero del Barcelona, producto de un zigzagueo que enredó a varias piernas de Boca, definió la cuestión.







En los minutos finales, el frío parisino se hacía sentir. Con los 90 minutos terminados, el abrazo de Messi y Román iluminó la noche.


Fin del partido.