ATL. NACIONAL '89 v AMERICA '96

Por Nicolás Samper C.

—Buenas noches. ¿En este lugar puedo hacer una denuncia?

—Sí, por supuesto. Apellido, por favor.

—Castrilli. Con doble ele.

—¿Y se pronuncia Castrili o Castriyi?

—La primera, la primera.

—Ocupación, señor Castriyi.

—Soy árbitro FIFA.


Aquella noche de poca acción, al fondo de la estación de Policía donde años atrás estuvieron Pelé y Bobby Moore por diferentes causas, estaba sentado el agente Silva hasta que apareció aquel tipo agitado, peinado como Gardel. 

—¿Usted pitó el partido? —dijo Silva—. Quise comprar boletas cuando supe que se iba a jugar en cancha neutral y eligieron Bogotá. ¿Quién ganó?

—Mire —dijo Castrilli—. Tengo vuelo en dos horas y debo llegar al aeropuerto…

—Hagamos un trato, Castriyi. Yo tenía planeado ir pero este turno maldito me dañó la ilusión, entonces usted me cuenta el partido y yo hago que su denuncia se tramite velozmente. De lo contrario esto se demora...

Castrilli entendió que si quería irse pronto debía disfrazarse de Scheherezade:


—Fue el partido más bello y más amargo de mi vida, si le soy sincero. Porque es bello el juego de Atlético Nacional, es presenciar aquella Selección Colombia de 1990 pero sin Freddy Rincón. Y es bello ver al América de Cali con esa sed de Copa tras cuatro finales perdidas. Mire que a los 16´ De Ávila fusiló a Higuita con un derechazo seco al primer palo. ¡Siempre le hace goles el enano! Pensé que había offside pero miré al linesman y confié en su criterio. Al minuto Óscar Córdoba mandó al córner un remate de 40 metros enviado por Usuriaga. En el tiro de esquina, Alexis García cobró desde la derecha y Andrés Escobar metió un frentazo muy similar al que lo inmortalizó ante Peter Shilton en Wembley. Alfredo Berti se me vino encima protestando carga ilegal de Escobar sobre Bermúdez. Le saqué amarilla. Berti encogió los hombros y se fue en silencio. No es bobo Alfredo: me conoce de un River—Newell´s...

Silva fue por café. El policía preguntó por Tréllez.

—Mala noche tuvo —acotó Castrilli—. Parecía jugando con la de Boca aunque Córdoba tuvo mucho mérito: le detuvo un cabezazo frontal y lo dejó desairado en un mano a mano. Con lo que no pudo Óscar fue con un tiro libre de Higuita fenomenal. Es de otro planeta, René: le paró una pena máxima a De Ávila y sacó dos claritas de gol: un cabezazo de Bermúdez y un tiro libre fortísimo de Dinas. 

El radioteléfono del agente Silva empezó a meterse en la charla: un operativo contra la mafia en un lujoso hotel del centro de Bogotá terminó en balacera: dólares que volaron por una ventana, cuatro detenidos, un botones muerto y dos prófugos. Le avisaron a Silva que en 10 minutos iban con los capturados hacia la estación mientras les daban traslado a una cárcel de máxima seguridad.

—Castrilli, ¿Cómo es Escobar? 

— ¿Se refiere a Pablo? ¡Yo no lo conozco! 

—Noooo, ¡Alex! El 10 del América. El pibe del barrio obrero, le dicen. ¿Hoy jugó?

—Un virtuoso. El 2-2 llegó por su cuenta, en el 89. Fue una pared Berti-Oviedo-Zambrano y Escobar pateó a la entrada del área. La pelota entró pegada a la base del palo izquierdo de Higuita. Hubo entonces penales, que fueron un padecimiento para los pateadores y un placer para los porteros. En la primera tanda de 10 marcaron Alex y Andrés Escobar, Bermúdez y Usuriaga. Higuita y Córdoba detuvieron tres cada uno. En el sexto cobro se pudrió todo: Córdoba le atajó a Gildardo Gómez pero se adelantó así que lo repetí y se armó lío; entonces fue roja para Berti, Cardona, Dinas y Zambrano por América. Nacional se metió en la batahola y también se fueron cuatro: Perea, Herrera, Alexis García y Pipe Pérez. Gómez volvió a patear mal pero marcó. Si fallaba Maziri, adiós América...

—¡Fue un partidazo! —interrumpió Silva— ¿Entonces por qué fue bello pero amargo, Castriyi?

—Es que a eso vine, a denunciar algo muy grave que pasó antes del juego. ¿Usted ha oído a Bebu Silvetti, Silva?

—Creo que sí, Castriyi. ¿El de esa canción “Spring Rain”?

—Yo la estaba oyendo en mi habitación de hotel cuando irrumpieron tres encapuchados que me apuntaron con un arma y cargaban una bolsa repleta de dólares. “Sheriff, eso es suyo, pero si se equivoca no sale vivo de acá”. Nadie me advirtió que no solo los equipos eran modelo 1989 y 1996, sino que sus inversionistas extraños también eran los de esa época. Volvió a sonar la puerta. Eran tres mujeres, turgentes, voluptuosas. Los encapuchados las metieron al cuarto y ellas dijeron que las habían mandado para “darle un regalo en la habitación 237 a un señor Sheriff”.

—¿Quién envió el dinero, Castriyi? ¿Quiénes enviaron a las mujeres? ¿Las estructuras del ‘89? ¿las del ‘96?

—¡Qué voy a saber, Silva! ¡Estaba con siete desconocidos armados con Bebu Silvetti de fondo! Les diije que iba a buscar un whisky al minibar, aproveché el descuido y escapé. Alcancé a contarle a un botones para que avisara a la policía y me fui caminando hasta el estadio preguntando cuál era el camino. Allá me prestaron ropa para arbitrar ¡Llegué sobre la hora! Apenas acabó el partido hice lo mismo: me camuflé entre la gente pero sabía que al hotel no debía ir. Tenía miedo, Silva, por eso llegué acá. 

Las sirenas empezaron a ulular desde afuera y Silva le comentó a Castrilli que habían llegado los hampones así que la diligencia entre los dos debía suspenderse. Fueron saliendo los detenidos: dos mujeres escasas de vestimenta, dos tipos ataviados como ninjas pero sin pasamontañas recriminándose mutuamente. Es que una de las mujeres y uno de los matones confabularon en secreto para traicionar al resto y huir con el dinero. En ese momento empezó la balacera. Uno de los hombres que iba rumbo al calabozo reconoció a Castrilli. Lo había encañonado horas antes en la habitación 237: le gritó: “¡Sheriff!”

Castrilli apuró el paso y respondió sin mirarlo:

—No, el sheriff acá es Silva. ¡No yo!

Al abordar el taxi el árbitro oyó otro grito. Era el agente Silva.

—¡¿Y el penal de Maziri, Castriyi?!

A través de la ventanilla y el auto empezando a dar marcha, llegó la respuesta:

—La mandó a las nubes. Ganó Nacional 3-2 en penales.



Fin del partido.