3er PUESTO: BARSA '09 v MILAN '89

Por Pedro Saborido


Soy de escribir las crónicas de los partidos mientras ellos ocurren. Así le gusta a mis lectores. Y así me dispuse a escribir mi visión del partido entre el Barcelona y el Milan, por el tercer puesto. Esto es lo que escribí:

“El comienzo del partido muestra una salida magistral del Milan, que a través de una rápida lateralización del balón por parte de Ancelotti, en un envío en semi-altitudreidad (1,30 metros del piso) busca la desborditud de Donadoni, que resuelve en un pase de excelsa conectitud en busca de la piqueteidad de Gullit que hace que este la pare de pecho y someta a la pelota ya en el conurbano del área. 

Pero el holandés se detiene cuando es enfrentado por un tipo disfrazado de pájaro (de gran similitareidad con el Pájaro Colombiano, pero este en celeste y rojo) que toma la pelota desde el piso, se la pone bajo un ala y sale del campo de juego rumbo al buffet al grito de: “Afuera que teníamos turno nosotros”. 


Hasta ahí la crónica futbolística. El partido se interrumpió a los 20 segundos y fuimos todos al buffet. El Hombre Pájaro (nos enteramos de que era hincha de Arsenal de Sarandí) estaba sentado, refunfuñando, con la pelota arriba de la mesa. Era un señor mayor, podíamos adivinar, alto y grandote. Apenas estuvimos cerca, empezó a hablar.


- Yo entiendo todo -dijo el Hombre Pájaro- pero nos tocaba a nosotros. Saqué turno hace 20 días.

- Es que a último momento la FIFA no nos permitió jugar el partido por el tercer puesto. Resulta que llegamos con el micro al estadio y un señor de seguridad nos dice que Blatter le había dejado dicho que el partido no se jugaba. Que no había una sola entrada vendida y que no iban a pagar los extras a la gente del estadio - le dijo Pepe Guardiola, que se había acercado para ver si podía arreglar el asunto. 


Sacchi, el DT del Milan, miraba de lejos comiendo un pebete de jamón y queso.



- Escuche -siguió Pepe-, cuando en el estadio nos dijeron que no había partido, tanto mis jugadores como los del Milan se dividieron en dos grupos: uno quería jugar por el honor y la nobleza deportiva, y otro estaba agradecido porque les parecía al pedo jugar. Incluso Puyol ni siquiera se bajó del micro, porque anoche se mamó con fernet, ya relajado, sintiendo que si no es una final, no vale la pena seguir.



- Pero los que querían jugar insistieron y nos pusimos a buscar cancha. Llegamos acá y reservamos para las 5 .

- Y yo para la seis. Y son las seis y cuarto.


- Claro. Porque llegamos, hicimos reconocimiento de campo, charla técnica, entrada en calor…


- ¿Reconocimiento de campo? Es una cancha de césped sintético hecha mierda. Tiene agujeros por todos lados. La parte del corner que dá a la fábrica de soda está chamuscada, hace un año se volcó medio tanque donde estaban haciendo chorizos y casi se prende fuego toda la cancha.


- Por favor. Entiendo que ustedes tenían turno. Pero le pido que nos deje jugar.


- ¿Por qué? ¿Porque son el Barcelona de Guardiola y el Milan de los holandeses? Mis pibes quieren jugar a la pelota. Yo me lavé el traje de Hombre Pájaro. Los pibes deliran cuando los dirijo así. Sus millones no valen más que al amor de estos pibes por Sarandí. Olvídense un poco de ustedes mismos, de esa alegría de cabotaje por volverse con un triunfo menor. Dejen que también existan los demás -dijo con el tono y la emoción que solo puede expresar un hombre mayor. O Alejandro Apo.


Todos se conmovieron. Eto’o lagrimeaba de emoción mientras giraba levemente al arquero del metegol. Xavi se sacaba las lágrimas con la ficha de plástico.


- Tiene razón el señor Pájaro - dijo Blatter entrando al buffet.


- ¡Blatter! ¿Qué hace acá? ¿Lo conoce? - preguntó Pepe Guardiola.


- Sí - dijo el pájaro -. Lo conozco hace muchos años. Yo lo crié. Y extendiendo el puño mostró un anillo que decía algo acerca de lo efímero de las cosas.


- Está más flaco - agregó asustado Iniesta, que entre la sorpresa y el miedo, se retiró hacia atrás y chocó contra el coso ese donde se ponen los tacos de pool.


- Sí. Entiendan que es más importante el futuro, los chicos, que ustedes. La ausencia también es mérito. La ausencia también puede ser honor - cerró el Hombre Pájaro.


Todos hicieron una reverencia. Algunos se arrodillaron para besar el anillo del Hombre Pájaro, sin preguntarse siquiera si era un tributo a él o a la joya.


Los chicos empezaron a jugar. Guardiola, Sacchi y todos los suyos se quedaron mirando el picado. Todo fue felicidad y sana alegría hasta que Puyol apareció, desnudo de la cintura para abajo, preguntando si alguien tenía un Uvasal.



Fin del partido